ÁMSTERDAM

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Si en este mundo, que tanto y tanto nos gusta explorar, hay una ciudad en la que sentimos exceso de bienestar y hospitalidad, creo que esa es Ámsterdam. La capital de los Países Bajos es un lugar en el que nadie se ha sentido jamás mal recibido, ni fuera de lugar. Eso sí, el problema viene cuando pensamos que allí vale todo y es que la cosa no funciona así, amigos. Se pueden hacer muchas cosas en esta perla que le gana su batalla particular al salvaje mar cada día y no todas tienen que ver con algún tipo de hierba como se suele pensar aunque en mi crónica sí se le den importancia a estos garitos conocidos como Coffee Shops.

Yo he tenido la fortuna de visitarla de las dos formas, en calidad de turista ansioso de belleza y, por otro lado que no me da vergüenza reconocer, como un hippie fumado más de los que pueblan sus albergues durante todo el año y he de reconocer que, sea como sea, merece la pena la estancia.

Sus calles no son tan bulliciosas como puede parecer (a no ser que se visite en temporada súper alta como sería el día de la Reina o agosto cuándo se traslada allí la fiesta del orgullo gay) y realmente da gusto pasear, admirar e, incluso, preguntar a la gente del lugar sitios dónde comer bien o dónde tener unas buenas vistas de los canales.

Muchos dicen que les ha parecido poca cosa, que es pequeña y que está llena de indeseables pero, creedme, esos no han vivido la verdadera “Amsterdam Experience” y sé perfectamente lo que me digo. No creo que, junto a París y Roma, sea la ciudad que más guías de viaje y escaparates de agencia acapara por el único hecho de tener Coffee Shops para los indeseables como yo… En ella se encontrará aventura, diversión, cultura y relax, todo depende de lo que se vaya buscando, faltaría más. Podemos tendernos en el césped de Vondelpark al atardecer, sentirnos una gota de cerveza en la fábrica Heineken, deleitarnos con los cuadros y esculturas de grandes artistas en sus museos y disfrutar de la noche en sus clubes y discotecas. Incluso podremos satisfacer nuestro ansia freak en tiendas de cómics. Nada mejor que disfrutar de un cucurucho lleno de patatas con mayonesa paseando por su mercadillo de flores, os lo aseguro, quizá un arenque o un poco de queso. Lo que apetezca que para eso vamos: para disfrutar.

Historia

Pues sí, aunque parezca una ciudad que ha aparecido de repente en el mapa durante los ’60 gracias a la hierba de la felicidad, Amsterdam tiene historia. Y conviene, más que nada por no meter la pata en algún momento dado, saber algunos datos básicos sobre este lugar.

Para empezar aclararé que Ámsterdam es la capital de los Países Bajos (también conocidos como Holanda). Su fundación data del año 1275 cuando el duque de Holanda prometió que aquellos que vivieran junto al río Amstel no tendrían que pagar peajes para pasar por sus puentes. Veinticinco años después obtuvo el estatus de ciudad y comenzó a crecer en la industria pesquera. A lo largo de los siglos, incluso tras haber sobrevivido a dos incendios, fue pasando altibajos debido a los conflictos bélicos que asolaban Europa y cambiando de manos constantemente aunque recuperándose siempre con estoicismo, de ahí su lema “Heroica, resuelta y misericordiosa”. Esta ciudad no participó en la primera guerra mundial pero sí que se vio envuelta, aunque involuntariamente, en la segunda, cosa que la mayoría ya sabemos gracias a la historia de la pequeña Anna Frank. Actualmente es considerada un símbolo de cosmopolitismo y libertad.

Qué ver en Amsterdam

Además de sus coffee shops y de sus otros cafés tan acogedores y con menos humo en el ambiente, esta ciudad tiene monumentos y museos a cascoporro. A continuación os detallaré una lista con los lugares emblemáticos envueltos en un idílico resumen de mi aventura por aquellos lares, irá bien para aquellos que dispongáis de únicamente un fin de semana para verla. Recordad que, si estáis más tiempo y os quedáis sin ideas, en todos los hoteles tienen folletos, revistas y descuentos con cientos de actividades para realizar así que nadie se aburrirá allí, es lo que hago yo cada vez que voy y nunca termino defraudado. Antes de empezar aconsejo dejar de lado el transporte público si lo que queremos es movernos por las zonas más conocidas e imprescindibles. Lo mejor sería alquilar una bicicleta de alquiler (10€ por día e incluye complementos) o, como hice yo, a patita ya que no es muy grande.

Llegamos a la ciudad en un tren proveniente del aeropuerto de Schiphol (4€ más o menos por un trayecto de unos 15-20 minutos) así que desembarcamos en la mundialmente famosa estación central. Dándole la espalda a la estación, nos dirigimos al hotel y tras un par de manzanas nos topamos de frente con la plaza Dam, el punto más emblemático de la ciudad y pilar fundamental de su fundación y en la que podréis encontrar el palacio real y un gran obelisco de 22m de altura dedicado a los soldados caídos durante la segunda guerra mundial. Si os interesa (nosotros pasamos ya que no teníamos el cuerpo para Freakshows) también encontraréis el museo de cera de Madame Tussaud y unos metros más adelante su atracción de terror ambientada en unas mazmorras.

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Teníamos el alojamiento en la mismísima plaza Rembrandt o Rembrandtplein así que el monumento a su persona lo vimos cada día, es una estatua del pintor sin más pero es parada obligada. Con las maletas descargadas nos hicimos con un plano gratuito (cosa que TODOS deberíamos hacer) y nos acercamos a visitar el barrio rojo donde decenas de prostitutas se exhiben a través de sus famosos ventanales. Comimos algo (horario europeo, conviene recordarlo) y nos fuimos a absorber culturilla por los museos. Se nos fue la tarde admirando el museo Van Gogh y el Rijksmuseum (entre 15-20€ cada uno, la cultura bien lo vale). Finalmente, para terminar el día, cenamos, nos metimos en un coffee shop a respirar aire puro y nos fuimos al Xtracold Bar a tomar un buen vodka a -7º (15€) es una experiencia de bar de hielo diferente que nos gustó por el frikismo que representa pero una de esas que uno se puede saltar sin sentirse culpable (y algo estafado). Te tienen esperando un rato, te calzan un abrigo enorme y unos guantes asquerosos y estéticamente horrendos para meterte en un cuarto helado, darte una bebida y tenerte entretenido durante un cuarto de hora mientras pasan una cutre-película en cuatro dimensiones. Al menos dormimos bien tras otra visita al coffee shop ya que lo teníamos a medio minuto del alojamiento.

El segundo día no paramos en absoluto, nos metimos para el cuerpo un desayuno inglés de narices y decidimos ver todo lo importante del tirón. Empezamos por lo más alejado de nuestra posición que era la casa de Ana Frank (7,50€) en la que la niña de dicho nombre se escondió durante la invasión nazi. Se pueden recorrer los mismos recovecos donde los judíos se escondían, los pasadizos secretos por los que se movían e incluso ver vídeos y fotografías históricas en sus diferentes salas de contenido multimedia. Después seguimos en dirección a Museumpleim y al poco nos encontramos la iglesia Westerkerk.Cómo íbamos algo sobrados de tiempo nos metimos a curiosear y gastar dinero en una tienda de cómics maravillosa llamada Lambiek, situada en Kerkstraat. Estábamos cerca de la misma avenida que la Heineken Experience (18€ aunque puede salirnos 12€ con los descuentos) decidimos dar un paseo hasta allí y ver qué tal. A mí personalmente me gustó, aunque es caro te enseñan la historia de la mítica marca, pasan un poco de puntillas por la elaboración, hay una experiencia interactiva en la que nos convierten mediante película de 4D en una gota de cerveza para ver el recorrido que hace hasta que se sirve en el vaso y, al final, ponen una guinda con la típica degustación. Nosotros nos entretuvimos con todo lo que nos ponían delante en la zona no guiada (curso de camarero express y simulación de DJ incluido) así que tardamos alrededor de tres horas en terminar por lo que salimos a comer más bien tarde. Con el estómago lleno y tras una breve sobremesa en un coffee shop, tomamos dirección de nuevo a Rembrandtplein, después a Waterlooplein para ver el Teatro de la Música, y caminando solo un poquito más admiramos la calle más colorida de la ciudad: el Mercado de las Flores donde cientos de vendedores tienen sus puestos permanentes en los que ofrecen flores variadas aunque sobre todo tulipanes. Es también un buen lugar para adquirir recuerdos y baratijas para regalar ya que esa zona y alrededores está plagado de tiendas de souvenirs. Nosotros tomamos la calle Singel para llegar a su número 7 o, lo que es lo mismo, la casa más estrecha del mundo, una curiosidad que nos pillaba de camino. Las religiosas no nos dejaron entrar en Begijnhof por dos motivos: uno ser hombres y dos, tener la desgracia de nacer con estas pintas. Ya que estábamos por allí, pasamos la tarde en la tranquila plaza Spui tomando algo y luego nos fuimos a cenar a la zona de Leidseplein, el sitio ideal para esos menesteres. Aquella noche nos quedamos en la misma Rembrandtplein para tomar unas cervezas y disfrutar de la vida nocturna sin tener que preocuparnos por la vuelta al hotel.

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Como lo único con lo que nos habíamos enrollado la noche anterior era con el papel de arroz del coffee shop Smokey, nos pudimos levantar algo más temprano de lo que teníamos planeado. Teníamos la mañana libre porque nuestro vuelo salía a las 18:00, así que tras un café con bollo nos adentramos en la zona más residencial de la ciudad. Parafraseando a un famoso videojuego: ¡Un mercadillo salvaje apareció! Así que decidimos invertir (tirar) algo más de dinero en chorradas de esas que tanto nos encantan como camisetas, pipas de agua, juguetes y demás instrumentos imprescindibles. Nos dirigimos a la zona denominada como Nemo, pero encontramos el museo cerrado así que continuamos hasta llegar a lo último que queríamos ver de la ciudad: el Molino. Debo avisar que está a unos 20 minutos del centro pero merece la pena admirar este edificio construido el siglo XVIII aproximadamente. Aviso que no llegamos a entrar aunque sé que se puede visitar por dentro y ¿por qué narices no lo hicimos? Pues básicamente porque decidimos hacerle fotos de lejos y no seguir caminando más, éramos jóvenes y queríamos vivir una experiencia más acorde con nuestra edad cosa que ya sabréis lo que significa y que tiene un nombre y un símbolo, el archifamoso Bull Dog Coffee Shop o, al menos, uno de los varios que hay en la ciudad.

Otros lugares que visitar o experiencias

No nos engañemos: siempre hay algo que nos dejamos por ver o puede que los criterios del público tan majo que lee esto no coincidan con los míos. Aquí dejo una breve lista con otros sitios de interés que, como conté anteriormente, podréis encontrar con la ayuda de un mapa o del GPS del móvil que para todos aquellos que piensen en las facturas debo decir que es gratuito ya que utiliza el satélite y no los datos de internet como se suele pensar.

-Vondelpark. Es un parque en el que la mayoría de la gente va a relajarse, leer o tomar el sándwich del descanso en la oficina. Es infinitamente más grande y curioso que Spui pero también está más concurrido. Yo lo visité en una visita anterior a la ciudad y me gustó bastante.

El Zoológico Artis. No soy un gran fan de estos lugares pero aun así he hecho un esfuerzo que espero que valoréis como se merece y os he buscado el precio: 18,50€ adultos, 17€ mayores de 65 años y 15 para los niños de hasta 9 añitos. Los menores de 3 años entran por la patilla. He leído que te cobran por los planos un par de euros más así que sumadlo a la entrada si tenéis pensado haceros con uno.

-Cafeterías Bruin. No es una cadena sino un concepto de cafeterías que destacan por su hospitalidad y encanto. El sitio ideal para tener una grata tertulia ante un café o cacao si se dispone de tiempo libre.

Excursiones por los canales. Aquí si no diré precios ya que varían por empresa y por tamaño del grupo. También si queréis una simple excursión o una velada romántica con cena a la luz de las velas (no seáis cafres y hagáis esta última si vais en invierno).

-Pequeños museos. No todos los museos en la “Venecia del norte” están plagados de grandes artistas. Desde 3€ en adelante podremos disfrutar de pequeños museos llenos de curiosidades como serían el museo del sexo, el del cáñamo, el del tatuaje … Cuando se tiene media horita libre o para bajar la comida antes de una visita de más nivel van de maravilla y se aprenden cosas que luego quizá se puedan usar en el Trivial. Abrid los ojos que están desperdigados por toda la ciudad.

Consejos

-La moneda utilizada es el euro y os bastará con el DNI para entrar en el país legalmente.

-Mucho cuidado con los rateros, especialmente en la zona del barrio rojo que se pone algo menos hospitalaria al anochecer. Podéis meteros en problemas si queréis expandir vuestra aventura a algo más fuerte que la hierba o las setas. Avisados quedáis.

-Moverse a pie o en bicicleta es lo aconsejable. Si se va en coche la ciudad se forrará a costa de vuestro aparcamiento en la zona azul siempre que encontréis sitio, algo prácticamente imposible. Si elegís el pedaleo merece la pena pagar el seguro ya que se encargará de cubriros la bicicleta pase lo que pase.

-En la gran mayoría de los hoteles o locales hay descuentos, cientos de ellos de hecho, que os harán ahorraros un dinerillo. También ahorraréis si no sois sibaritas ya que hay máquinas expendedoras en las que comer desde ¡UN EURO! También hay establecimientos de comida rápida en cualquier esquina.

-El clima suele ser frío en invierno pudiendo llegar a temperaturas algo por debajo de 0º. ¡Abrigaos bien si no sois de Bilbao!

-No seáis tímidos, en las puertas de queserías y chocolaterías hay bellas muchachas dando muestras de sus productos. Probadlos y seguro que encontráis alguno perfecto para regalar o para devorar secretamente en la sombra de un parque.

-Comprar regalos en las tiendas está bien porque hay mucho donde elegir pero por la ciudad hay varios kioscos que ofrecen recuerdos a precio más bajo. Yo conseguí 20 minizuecos de porcelana por 12€ y me libré de perder tiempo buscando regalos de los que se hacen por cumplir.

-Ojo al Whatsapp o similares. Si no tenéis WI-FI os recomiendo buscar locales que lo ofrezcan gratuito ya que puede salirte a más de un euro por mensajito de marras y ya sabemos que no se puede enviar solo uno (¿o eso era de un anuncio?)…

-Los precios de la marihuana varían depende del tipo, yo recomiendo comprar por gramos y liárselos uno mismo pero puede que, si no se fuma demasiado, el último día nos encontremos con un alijo que, obviamente, no podremos llevar con nosotros en el avión. Venden cigarros liados para aquel que no quiera complicarse la vida (o si se tienen manos de trapo como en mi caso).

-Solo se puede fumar en propiedades privadas, es decir, si tenéis una casa allí, cosa que dudo puesto que estáis leyendo un blog/guía de la ciudad. También podréis fumar libre y legalmente en los coffee shops. Éstos venden la hierba aprovechando un vacío legal en la legislación. A lo que me refiero es a que la marihuana NO es legal fuera de estos parámetros y es algo que hay que tener muy claro si no se quiere terminar en chirona por tenencia de estupefacientes o escándalo público (no hablo por experiencia, de verdad, palabrita).

Queridos lectores, toca despedida y cierre. Gracias por leer y no olvidéis poner a Munditos y Mundetes en vuestra sección de favoritos y seguirnos por las redes sociales. Agradecería si pudierais dar un garbeo por las maravillosas crónicas de mis compañeros y estoy convencido de que ellos lo agradecerán más todavía. Reciban ustedes un gran saludo. DV.

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