BRUJAS EN 24 HORAS

100_0321           Brujas la otra “Venecia del Norte”

Vayamos al norte de Bélgica, a un cuento de hadas viviente que es Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000 y sumerjámonos en un festival continuo de estilo neogótico como el que nos propone una ciudad cuyo nombre, al principio, puede echar para atrás, sobre todo si nos atenemos a su pronunciación española. Sí, damas y caballeros, estamos hablando de Brujas (sé que no es sorpresa, está en el título pero no puedo evitarlo) o como dirían los foráneos Brugge que no es más que el plural de la palabra puente para ellos. Y no sorprende conocer el significado porque si hay algo que esta ciudad posee en abundancia es precisamente eso, puentes para sortear la infinidad de canales que nos esperan con sus hipnóticos caudales ondeando al viento como si de su bandera de bienvenida se tratasen.

Historia

Como cualquier enclave de aspecto medieval que se precie, Brujas tiene su pequeña historia que, como siempre digo, conviene saber aunque sea por encima para no ser un turista “tipo” y poder presentarse en un lugar con cierto conocimiento aunque solo nos sirva para vacilarle un poco al guía de turno.

Nos vamos al siglo XI para que a este emplazamiento se le conozca definitivamente como ciudad y un poquito más tarde, a mediados del XII para que un golpe de suerte la salvara de convertirse en una ciudad desértica ya que a, causa de la sedimentación, su conexión al mar se estaba cerrando hasta que una tormenta la reabrió y permitió a los habitantes continuar con su estilo de vida habitual.

Muy a finales del XIII se une al reino de Francia con los que tan solo cinco años después tiene muchos problemas con su rey, Felipe IV, tanto que, tras dejar sus hogares para cobijar a las tropas francesas, deciden que el momento de su vuelta a casa es el ideal para ir cargándose francos a diestro y siniestro teniendo incluso su propia masacre al estilo de Al Capone, conocida como los Maitines de Brujas.

Batalla por aquí, batalla por allá llegamos al siglo XV donde esta bella ciudad se convierte en la cuna del primer libro impreso íntegramente en inglés “Recuyell of the Historyes of Troye” por medio del impresor y traductor William Caxton.

Con esto ya tenéis lo suficiente para no ir perdidos por sus calles adoquinadas y ver los monumentos que os encontréis poniéndolos en contexto.

Qué ver en Brujas

Aquellos que me conozcan sabrán que siento cierta debilidad por este bello lugar así que, si tengo que destacar algo negativo sobre Brujas, es la cantidad ingente de antiestéticos turistas que se ven atraídos a ella, a diferencia de lo que sucede con otros sitios similares. La culpa la tiene su proximidad con el Reino Unido y Francia, los dos países que más visitantes aportan. Una vez prevenidos… ¡vayamos al lío!

Lo que será una constante en nuestra visita y no hace falta buscar en ninguna guía son sus adorables casas de estilo medieval, sus calles repletas de adoquines y sus canales llenos de cruceros turísticos.

  • Inevitable es visitar su Markt, palabra que guardaría en la memoria si fuera vosotros, pues os servirá para cualquier lugar de Flandes que queráis visitar y que viene a indicar que es la Plaza Mayor. Si tenéis suerte y es sábado, encontraréis los puestos del mercado allí. Si por algún motivo, estáis por allí cualquier otro día, no os preocupéis ni os echéis las manos a la cabeza llorando desconsolados, ya que hay pequeños puestos de artesanía a lo largo de toda la ciudad que os deleitarán de igual manera (nosotros compramos unas velitas aromáticas talladas con formas de animales que quedan fetén en mi mesa del salón).

  • Si de plazas hablamos, no podemos olvidar la plaza Burg (BurgMarkt) que sigue de cerca en importancia a la anterior y más de cerca todavía en belleza así que no os defraudará.

  • Si no tenéis vértigo, os recomiendo subir a la torre Belfort, la cuál es imprescindible ya que no se concibe el perfil de Brujas sin esta aguja de 83 metros. Eso sí, id bien preparados de cardio ya que os esperan la friolera de 365 escalones, un añito si subís uno al día.

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  • Tras la broma tonta, os recomiendo otra torre, esta vez unida a una iglesia (la más famosa y visitada de la ciudad), la de Onze Lieve Vrouwekerk, con su torre de 122 metros de altura que os quitará el hipo.

  • Otro indispensable es el ayuntamiento o Stadhuis, un viejo rockero que lleva en pie desde el siglo XIV.

  • Si queréis museos, el más importante es el Groeningmuseum, un museo de arte que contiene grandes obras de arte belgas. (8€, 6€ para mayores de 65 años, niños hasta 11 gratis).

Si se va a prolongar la estancia durante dos o tres días y se quieren aprovechar al máximo la “experiencia Brujas”, podemos acercarnos a una oficina de información y hacernos con una tarjeta al estilo de las grandes ciudades europeas, la Brugge City Card, que por 46€ la de dos o 49€ la de tres días nos ofrece acceso gratuito a más de 27 enclaves entre museos y lugares de interés, además de suculentos descuentos en las opciones de ocio tales como conciertos o representaciones artísticas varias. Incluso nos reducirán el precio si alquilamos una bicicleta o si damos un paseo en barco. Ciertamente recomendable para los que queremos sacar partido al 100% durante nuestros viajes.

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Gastronomía

Comer en Brujas no es lo más barato del mundo si no se tira de la opción fastfood, pero se puede degustar la cocina típica desde unos 20€ por persona. Y ¿cuál es esa cocina típica? preguntarán mis avispados lectores… Pues no hace falta ser una lumbrera para saber que en ciudad portuaria se come pescado ante todas las cosas. Pescado y moluscos, como los magníficos mejillones (Moules) que se sirven con patatas fritas y con diferentes salsas como marinera, al vino blanco, con ajo, etc…

En realidad, la gastronomía belga no difiere mucho entre sus ciudades. Así que aquí, como en el resto del país, se puede degustar un Waterzooi que es un estofado de pescado con verduras (también lo hay de pollo).

Para los que no sois muy amantes de los frutos del mar, también hay opciones carnívoras como las Carbonnades que son platos de carne estofada en cerveza negra aunque curiosamente ni se nota el sabor a alcohol.

También está el Filet Américain que es una especie de tar-tar sobre una tosta de pan o los Chicons au gratin, endivias con jamón gratinadas.

Por supuesto, no nos vayamos a olvidar de lo más de lo más de Bélgica en cuánto a llenarnos el estómago se refiere, el dulce más internacionalmente conocido del país, el subidón de azúcar belga por antonomasia: los Waffles. ¿No sabéis lo que son? Pues los Gofres ¿qué si no? Para adquirir uno no tendréis que ir buscando como locos ya que hay puestos prácticamente por todas partes.

Y todas estas delicias deben ser acompañadas de una exquisita cerveza local, como mandan los cánones. ¡Ojo con beber mucha que se os puede pasar la borrachera de golpe como caigáis al canal!

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Información práctica

  • Para entrar en Bélgica no necesitaréis más que el DNI y la moneda para pagar es el euro, como en el resto de la CEE.

  • No dispone de aeropuerto propio, por lo que si viajamos por vía aérea deberemos tomar un tren desde Bruselas, o cualquier otro medio como autocares, etc… aunque realmente yo recomiendo el tren que es bastante más económico y cómodo. Para la información y las tarifas, como son bastante cambiantes, recomiendo echar un vistazo a la web oficial de turismo de Bruselas.

  • Es un lugar bastante seguro, con baja delincuencia, así que con las precauciones de seguridad estándar nos apañaremos bien. En cuanto a seguridad personal se refiere, si no nos acercamos ebrios al borde de los canales, no nos pasará nada.

  • Lo ideal es visitar esta ciudad a pie, no nos engañemos, aunque también está la opción de la bicicleta. El calzado cómodo es imprescindible y, si es posible, con suela gruesa que el adoquinado es traicionero y luego los pies tienen su pequeña “resaca”.

  • La comida barata existe, aunque no lo parezca hay puestos de bocadillos por 2 o 3€ (el bocata, no el puesto), cadenas de comida rápida y muchas cosas más donde acabar llenos sin que se nos vacíe el bolsillo.

  • Se habla francés y flamenco, aunque con el inglés podréis ir tirando. También hay mucho español y descendiente de español así que si tenéis suerte os atenderán en nuestro idioma. ¡Llevad unas cuantas frases apuntadas en francés por si acaso!

  • El clima es algo más fresco que el nuestro, así que llevad chaqueta de entretiempo durante el verano, más que nada para las noches.

  • Si me veis sentado en una terraza, acercaos e invitadme a una cerveza. Es lo menos que podéis hacer después de este pedazo de reportaje que os doy por la patilla, ¿o no?

Solo me queda desearos un muy buen viaje, y recomendaros esta ciudad que ya de por sí merece un fin de semana para ella solita. Si se puede ver enmarcada dentro de un viaje por toda Bélgica, mejor que mejor, pero no seré yo quien os diga cómo planear vuestras escapadas, queridos lectores. Solo me queda recomendaros que os deis una vueltecita por nuestra página y disfrutéis del resto de los magníficos reportajes obra de mis compañeros y amigos (y de los demás que tengo yo publicados también, faltaría más). Os emplazo a mi siguiente post… ¿Cuál será?

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