CALATAYUD (ZARAGOZA)

zaragoza 291        Calatayud: Amalgama de culturas

A poco más de una hora de Zaragoza, dónde a priori pueda parecer que no hay nada, nos encontramos una de las comarcas con mayor patrimonio histórico del país y, por desgracia, una gran desconocida para la gran masa turística. Debo avisar que podremos tener sobredosis de espiritualidad en este lugar ya que el noventa por ciento de lo visitable tiene que ver con religión (no os asustéis, merece la pena). Pero no adelantemos acontecimientos. Vayamos paso a paso que, al fin y al cabo, este artículo ya sabéis quién lo escribe y con qué empieza siempre… eso es, es el momento de dar un voltio por la historia, amigos.

Historia

Calatayud es la segunda ciudad en importancia de la provincia de Zaragoza, después obviamente de la que le da nombre y no es de extrañar en absoluto, ya que en sus calles se han forjado elementos imprescindibles para la historia de España.

Existiendo desde mediados del siglo IX, aunque primero fue habitada por celtíberos y romanos, algo más tarde, dio cabida a cristianos, judíos y árabes (los cuáles le dieron su nombre actual o, al menos, uno parecido: Qal’ at Ayyub. Juzguen ustedes mismos). Para no alargarnos, daremos unas cuantas pinceladas de lo acontecido para ponernos en contexto y poco más (entended que uno tiene que escribir esto, comer, dormir y todas esas cosas).

Fue Pedro IV el que le dio el rango de ciudad por su gran y heroica resistencia durante la guerra de los Pedros en el siglo XIV.

También aquí fue nombrado heredero de la corona de Aragón el príncipe Fernando, que se convertiría después en el rey Fernando el Católico (recordad aquello de tanto monta monta tanto…).

Si os va el vintage, pero no tanto, también tenemos algo para vosotros: en 1978 se constituye en Calatayud la Diputación de Aragón y un añito después, su ayuntamiento se convierte en el primero de la democracia española, adelantándose a los demás por la friolera de un día.

De hecho, podréis notar, sentir, observar, palpar y degustar todos estos ecos del pasado y muchos más dando un paseo por esta ciudad y gracias a nuestra pequeña guía.

Qué ver

Calatayud se puede entender de dos maneras, como comarca o como ciudad. Es ésta última en la que vamos a centrarnos, ya que el resto se expondrá en otros artículos más adelante. Antes que nada, decir que a las afueras podemos encontrar el castillo fortificado de Ayyub, el más antiguo que se conserva del mundo islámico así como el yacimiento arqueológico de Bílbilis, la antigua ciudad celtibero-romana, a unos 4km del centro de la ciudad si vamos o venimos de Huérmeda.

Mi primer consejo, ya con el coche aparcado en el centro, es visitar un trío. No, no seáis mal pensados, me refiero a la tripleta que componen el Museo de la Semana Santa, el Museo de Calatayud y la oficina de turismo (primordial en cualquier visita).

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Todos están en el Convento de las carmelitas, aunque el de la Semana Santa se halla en un apartado dentro de la iglesia contigua dedicado a museo. En él, están representados parte de los pasos que componen tan celebrada festividad. El segundo y el tercero están íntimamente relacionados, ya que la oficina de turismo se encuentra en la entrada del museo de la ciudad, y ¿qué se puede admirar en él? Pues restos arqueológicos y exposiciones temporales aunque también se dan actividades culturales y científicas de todo tipo. Vamos, algo que no puede faltar en ninguna lista de “deberes”.

Una vez con un plano en nuestro poder, podemos ir visitando en cualquier orden ya que no es muy difícil encontrar los lugares de interés. Es más, animo a hacerlo ya que hay maravillas que no salen en las guías como por ejemplo, unas calles del casco antiguo con las fachadas de las viviendas torcidas que nos dejarán sedientos, ya que nos harán fantasear en gran medida con los licores que degustó el arquitecto durante la planificación, o pequeños rincones con estatuillas de bronce, panaderías típicas, tiendas con toques de humor en sus carteles y un largo etcétera de píldoritas que harán que salgamos más que satisfechos de nuestra visita.

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Aconsejados ya, y con el hielo roto tras la primera visita, vayamos al meollo. Visitemos ahora la Colegiata de Santa María la Mayor, que se construyó (a mala idea) por orden de Alfonso I sobre la mezquita de la ciudad aunque todavía se conservan algunos restos de ésta como el claustro, la torre y el ábside. Es Monumento Nacional desde el año 1984 y Patrimonio de la Humanidad desde el 2001. En su claustro se halla el Museo Diocesano, con ropajes, telas, platería y varias cosas más dignas de ver.

También Patrimonio de la Humanidad y fundada por el mismo Alfonso, es la iglesia de San Andrés, una construcción mudéjar del siglo XIV de tres naves, cada una con su altura y cubiertas de bóvedas de crucería, según nos explicaron.

Más iglesias que ver serían, la de San Juan el Real, del siglo XVII construida por la compañía de Jesús y, ojo, cuyas pechinas de cúpula fueron pintadas por el mismísimo… … … ¡Francisco de Goya!

Si os va el rollo de los Reyes Católicos ahora que vuelven a estar en boca de muchos, os será imprescindible visitar la de San Pedro de los Francos, en la que fue nombrado heredero de Aragón el príncipe Fernando, más tarde rey Católico.

Como parece que estaba de moda derruir templos mudéjares para construir iglesias, la orden de los caballeros del Santo Sepulcro hizo lo propio en el siglo XVI, para construir en las ruinas la Colegiata que lleva su nombre. El interior de la Colegiata del Santo Sepulcro, está dedicado a la pasión de Cristo y es rico en mármoles.

Última visita religiosa de la ciudad, lo prometo, y es imprescindible ya que hablamos de la patrona de la ciudad. El Santuario de Nuestra Señora de la Peña, data del año 1343 y se edificó sobre el castillo del mismo nombre (como le gusta a esta gente edificar sobre otras cosas ¿no?), es interesante ya que ha sido reedificado varias veces y es una mezcla extraña de elementos religiosos y bélicos.

La fuente de los Ocho Caños se usaba para traer agua a la ciudad, aunque según la historia, al principio contaba con once caños (dos de ellos reservados, uno para el verdugo y otro para personas indeseables). No os asombréis por los torreones, ya que también estáis ante la Puerta de Terrer, que actualmente ejerce de sede al Centro de Estudios Bilbilitanos.

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¿Hay hambre? Pues visitemos el Museo de la Dolores, ese personaje de la famosa copla imagen de la ciudad, y de paso comamos algo en el mesón dónde además podremos degustar vinos con denominación de origen local.

Como en toda ciudad o pueblo que se precie, no podía faltar la plaza del Mercado, llamada aquí Plaza de España, donde también podremos admirar el antiguo ayuntamiento.

Para concluir con la parte antigua, volvamos cerquita de la iglesia de San Andrés, concretamente a la cuesta de Sta. Ana donde está el Castillo de Dª Martina. El castillo está bien, pero lo que nos interesa es que aquí comienza la Judería, con su Sinagoga Mayor y todo, aunque también hay otra más pequeña, la de Tejedores. Al llegar a la Rúa de Dato, empieza la Morería, desde donde accedemos al conjunto islámico fortificado. Como curiosidad, veremos una campana a la que llaman el Reloj Tonto, y que se toca para dar comienzo a las fiestas patronales.

Ya en la parte nueva, hay un bonito paseo, el de Cortes de Aragón, donde hay bares, restaurantes y terrazas al aire libre, cosa buena si sois fumadores o si os asfixia el calor del verano, o ambas cosas, como nos sucedió a nosotros que probamos prácticamente todo de todos ellos. En la parte superior de dicho paseo, está la Plaza del Fuerte, con tienda de productos típicos y artesanos de la zona incluida.

Para concluir, recomendaros que sigáis el curso del río Jalón y os deleitéis con alguno de los cuatro parques que están paralelos a él: La Serna, Fernando el Católico, La Redonda y Margarita. Digo alguno pero si queréis visitar los cuatro también podéis hacerlo, Dios me libre de ser yo quién os prive de ello, aunque sí que os aviso que tan solo en zonas verdes suman más de 50.000 metros cuadrados. Vosotros mismos, yo creo que os irá bien para bajar tanta visita a las terracitas…

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Gastronomía

Obviamente, aquí sí que nos vamos a centrar en Calatayud como comarca, ya que la gastronomía local no se entendería de otra forma. ¡Y vaya si tiene gastronomía! Solo con recordarlo se me hace la boca agua.

Puede sonar extraño pero si juntamos hígado de cerdo con magro del mismo animal, obtenemos los Fardeles, embutidos que van de maravilla para abrir el apetito, al igual que las mega-ultra-típicas tapas que encontraremos por doquier en sus bares o el Congrio Seco, en las cocinas bilbilitanas desde el siglo XV.

Como platos contundentes tenemos las tres vertientes, si nos gusta la carne nuestra elección debe ser el ternasco (cordero joven), si lo nuestro es el pescado, la trucha es la reina y si preferimos las verduras, no tendremos problemas para deleitar nuestro paladar aunque la más significativa es la borraja.

De postre unas buenas frutas de Aragón caramelizadas, quizá algo de chocolate venido del Monasterio de Piedra, el primer lugar de Europa en prepararlo o, mis favoritos, los archifamosos bizcochos de Soletilla, de los cuáles os daré un dato para vacilar delante de vuestra chica ya que los susodichos deben el nombre a las antiguas plantillas que iban dentro de las alpargatas de cáñamo. Yo esto lo sé, básicamente, porque todo lo que tenga que ver con el cáñamo me apasiona aunque es un dato que podéis obviar cuando deis la información.

Esto no es todo lo que puede dar de sí Calatayud, pero sí que es todo lo que yo puedo dar sobre ella. Espero que hayáis disfrutado y que os haya sido de utilidad en vuestra visita o preparación de la misma. Recordad que, como siempre digo, hay otros personajes trabajando en esta página (aunque entiendo vuestra pasión por mí) y estaría bien que les dedicarais algo de tiempo y cariño también. Nos vemos en el próximo destino.

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