DJERBAHOOD (Túnez)

IMG_9457 1            Djerbahood, bella mezcla de tradición y arte moderno

Yerba.-Algo debe tener la apacible Yerba que fascina a sus visitantes. Cuenta la leyenda que en esta isla del sur de Túnez, Ulises decidió hacer una parada y, tras probar su delicioso fruto de loto, le costó retomar su viaje a Ítaca. Convertida en un centro de atracción turístico por sus magníficas playas, posee una joya cultural que, por desgracia, pasa desapercibida para muchos viajeros. Para disfurtarla, uno debe alejarse un poco de la costa y los resorts, y adentrarse en un paisaje de olivos y blancas villas, hasta llegar al pueblo de Erriadh. En su centro histórico, cerca de la milenaria sinagoga de la Ghriba, se hallaDjerbahood, un auténtico museo al aire libre de arte urbano.

Entre las paredes de sus bellas casas tradicionales, con sus pequeñas cúpulas blancas y sus trabajadas puertas de madera, habita un curioso mundo de fantasía y color: un tigre azulado, una medusa gigante, o una reina musulmana sobre los lomos de un elegante caballo. Esta armoniosa mezcla de tradición y arte moderno es obra de la Galeria Itinerrance, con su director Mehdi Ben Cheikh a la cabeza, un colectivo de artistas nacido en el seno del mundo cultural alternativo del distrito 13ème de París. El ambicioso proyecto, ejecutado en verano de 2014, reunió a 150 grafiteros venidos de todos los rincones del mundo, y dejó de regalo a Erriadh y a sus visitantes un total de 300 valiosas obras de arte. Un collage con lo mejorcito de la escena internacional del grafiti.

Ben Cheik justifica la elección de Yerba por el el historial de tolerancia del lugar. “Aquí han vivido musulmanes cristianos y judíos en paz durante 2.000 años … Quería consolidar este aspecto, que me parece bonito, y junto a la belleza natural del pueblo, proporciona un “canvas” unique”, declaró a NYT poco después de su inauguración. “Fue una experiencia increíble en un lugar único”, explica David de la Mano, uno de los dos graffiteros españoles que participó en el proyecto. “Hubo un intercambio impresionante, entre los artistas callejeros, con unos perfiles e identidades diferentes, y también con los habitantes de la isla. Podíamos temer que hubiera por su parte un rechazo a lo diferente, pero fue todo lo contrario”, recuerda este salmantino que ha recorrido medio mundo con sus murales, un arte al que ha consagrado su espíritu creativo desde 2008. En Yerba, varias figuras humanas en muros y fachadas llevan su firma.

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El proyecto fue financiado por varios sponsors, incluidas compañías privadas e instituciones tunecinas con la voluntad de aumentar el turismo. Aunque es imposible medir el número de visitantes a un museo al aire libre, la percepción sobre el impacto de los lugareños es ambivalente. “Es verdad que vienen más turistas que antes, pero poquitos. En general, después de los atentados del 2015, el turismo ha caído en picado”, se lamenta Moez, un veterano taxista de Erriadh.

“En el pueblo, todo el mundo estuvo de acuerdo con el proyecto. Era una buena idea para embellecer el pueblo”, afirma Habib Zerria, un conductor dedicado al transporte de turistas. La fachada de su amplia vivienda, estratégicamente situada frente al que fue el campamento base de los artistas, está decorada con un enorme genio de color azul, a juego con sus puertas y ventanas, recién salido de su lámpara. “Uno de los artistas me dijo que le gustaría escoger mi casa. Me mostró el dibujo, y me gustó. Todo fue muy fácil”, añade con una sonrisa amable. Aunque Habib es musulmán, algunos de sus vecinos y amigos de juventud son judíos. De hecho, en Yerba vive la mayor comunidad judía del mundo árabe. La mentalidad abierta de los yerbianos no se limita al arte callejero. Quizás si Ulises retornara a esta isla, volvería a tener la tentación de quedarse, y no por sus mágicos frutos.

Ricard González

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