FESTIVAL MATSURI BCN 2016

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Japón es el país del sol naciente y, como no podría ser de otra forma, el astro rey decidió hacer honor a ese apodo y ataviarse para la ocasión con un kimono de fulgor, iluminando la playa de la Barceloneta, para que los allí presentes pudiéramos disfrutar de uno de los festivales más interesantes, divertidos y bonitos a los que hemos podido asistir los miembros de este blog.
Y es que Matsuri no cae en la tentación fácil de poner un par de puestos de sucedáneo de sushi y vender unos mangas a sobreprecio. Nada de eso. Matsuri resultó ser una de esas experiencias que nos trae, aunque suene a tópico, un pedacito de Japón al corazón de Barcelona y, ya de paso, nos llevamos un pedacito de ese pedacito anterior en nuestros corazones, gracias a la amabilidad de los organizadores y participantes. Tanto significa Matsuri, que se ha convertido prácticamente en un punto de encuentro indispensable cada año para los japoneses afincados en la ciudad condal, que lo viven y disfrutan vistiendo sus mejores galas y juntándose en este emplazamiento para compartir con nosotros su afamada cultura. Este entusiasmo les ha hecho llegar ya a la IV edición, cosa que no es moco de pavo, ni se puede tildar de casualidad en los tiempos que corren.
Por supuesto, entiendo perfectamente que la curiosidad se haya disparado al leer las líneas anteriores, así que iré directo al grano y explicaré lo que se pudo vivir durante ese fin de semana bajo la continua vigilancia de un mar en calma y de una amenaza de lluvia que estuvo muy, pero muy lejos de hacerse sentir.

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Para no aburrir con horarios que al final poco importan a toro pasado, detallaré los eventos que tuvieron lugar, sin mencionar la inauguración con tambores Taiko y el discurso del cónsul general de Japón en Barcelona.
Lo que este juntaletras más disfrutó fue el baile Awa Odori, ritual que tradicionalmente se ejecuta durante el Obon, una celebración estival. La alegre danza acompañada de tambores y flautas (el ritmo se queda en la cabeza durante días, creedme) tiene como objeto dar la bienvenida de los espíritus que durante esas noches se cree que visitan nuestro plano. Tras el baile y las clases prácticas, los protagonistas, Gojyahei (una de las tres compañías principales de Japón, ahí es “ná”), se mostraron amables y atendieron con una imborrable sonrisa a todo aquel que quisiera hablar con ellos o hacerse una fotografía. Para empezar el día, la verdad, es que fue algo sublime e inolvidable.
Tuvimos la suerte de ver después a un grupo de estudiantes japoneses deleitarnos con la danza Soranbushii, que no aparecía en el programa oficial. Esta se caracteriza por unos movimientos muy enérgicos que imitan a los que hacen los pescadores cuando lanzan y recogen sus enormes redes. Nos agotamos solo con verlo así que de verdad se ganaron ese aplauso.
Para que no decayera el espíritu japonés, el sensei Mitsuru Nagata, un pintor japonés de fama mundial, nos deleitó con una demostración de pintura japonesa.
Como no podían faltar las artes marciales, miembros del Bujin Kan hicieron lo propio con el arte de Embu Ninjutsu, con su correspondiente taller y mini-clase grupal.
La perla de la tarde fue cuando Shogo Yoshii nos hizo una actuación de música tradicional, acompañado de Rai Tateishi y Shinobu Kawashima, todos ellos maestros en sus respectivos artes, junto al grupo Dongara.

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Además de todo esto, por si fuera poco, podíamos disfrutar de puestos con gastronomía, talleres infantiles, puestos de productos o de artesanía típica y un sinfín de etcéteras que hicieron de este fin de semana algo inolvidable.
Desde aquí, para concluir, queremos dar las gracias a todos los implicados que los días previos se desvivieron por atendernos a pesar de la presión y el estrés inherente a la cercanía del evento y recomendar encarecidamente este genial festival Matsuri, para los que os guste la cultura japonesa no hay excusa para faltar y, para los que la desconozcáis, no hay excusa para no ir a conocerla y comenzar a amarla tanto como nosotros. Realmente, Matsuri ha hecho que aquella canción de “No me pises que llevo chanclas” que decía: “Japón, mira que está lejos Japón”, carezca de sentido durante, al menos, una vez al año.

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