LA PUGLIA (Italia)

Puglia, el elegante “tacón” de Italia

Ricard González

La región de la Puglia es conocida popularmente como el “tacón” de Italia, pues ocupa ese lugar en la bota que dibujo la caprichosa forma de su península. Cuentan los historiadores que los tacones se expandieron por Europa en el siglo XVII tras ponerse de moda en la en la corte de Luís XIV de Francia por su virtud de estilizar la figura. De la misma forma, la Puglia sirve para resaltar la belleza de un país, Italia, que figura entre los más admirados del mundo por los vestigios de su gloriosa historia y su arte renacentista. Poseedora de una maravillosas playas y unas ciudades con una arquitectura única, Puglia se ha convertido en el nuevo centro de atracción turístico del país. Pero en el pasado, no siempre fue un motivo de orgullo para los italianos …

Sin duda, el lugar con mayor encanto de toda la región es Matera, ciudad eterna, junto a Damasco y Jericó único asentamiento humano poblado de forma ininterrumpida desde hace 100.000 años. Pero no hace tanto, apenas cinco décadas, la ciudad italiana hoy de moda -será la Capital de la Cultura Europea en 2019- era descrita como la “vergüenza de Italia” por el prestigioso diario “Il Corriere della Sera”. “Es verdad que había mucha pobreza aquí. Pero la etiqueta es un poco injusta. No era la única donde había miseria, ni en esta región, ni en otras partes del país”, puntualiza Raffael, un guía turístico local.

Durante años, su imagen derivaba del testimonio del célebre escritor y pintor Carlo Levi, que la conocía y amaba tras pasar un periodo allí desterrado durante la dictadura fascista. “Tierra sin consolación ni dulzura, donde el campesino vive, entre la miseria y el aislamiento, su vida inmóvil en un suelo árido, cara a cara con la muerte”, así la describió Levi en su obra autobiográfica “Cristo se fermò a Eboli”, adaptada al cine con este mismo título por Francesco Rosi (1979), uno de los maestros del neorrealismo. Aquellas imágenes de subdesarrollo chocaron a un país en la cresta de su glamour, imán para estrellas de Hollywood como Orson Welles o Anita Ekberg que gozaban paseándose entre paparazzi por la Via Veneto de Roma.

Los “sassi” de Matera

Mientras uno recorre los llamados sassi [roca, en italiano], los dos pintorescos barrios de habitáculos “trogloditas” excavados en las laderas, aquellas imágenes de la miseria parecen remotas. Las grutas insalubres, infestadas de malaria, que compartían familias y animales, se han convertido en estilosos restaurantes, hoteles y tiendas de souvenirs. A partir de los años 50, el Gobierno empezó a trasladar a las familias que habitaban los sassi a viviendas de la ciudad nueva, con agua potable y electricidad. Durante una veintena de años, la vieja Matera, arruinada, pareció una ciudad fantasma. Pero en los años 90, se inició un proceso de rehabilitación y adecentamiento que culminó con su inclusión en la lista de obras consideradas Patrimonio de la Humanidad para la UNESCO.

                                   

Hasta 35.000 personas se hacinaban a mitad del siglo pasado en estos dos barrios: el sasso caveoso y el barisano. Actualmente, habitan aquí unas 3.000 personas. Elsasso barisano adopta su nombre de su posición, apostado al inicio del camino hacia Bari, la gran capital de la Puglia. Pero la diferencia entre ambos sassi no solo es geográfica, sino también arquitectónica. En el caveoso, todas las viviendas son habitáculos perforados en un roca de textura suave al ser arena de mar compactada hace millones de años. De hecho, aún se pueden ver fósiles de conchas en algunas paredes del barrio. Sus iglesias rupestres, como la de Santa Lucía o de San Pietro, con frescos que datan de hasta el siglo XII, se hallan entre las más interesantes de los 150 templos que atesora Matera. En cambio, en el barisano se elevaron edificios, y solo algunas de sus habitaciones se hallan escarbadas dentro de la montaña. Por eso, el precio de sus viviendas multiplicaba el del sasso caveoso, marcando claramente las diferencias de clase.

Sin duda, el mejor momento para apreciar los sassi con todo su esplendor arriba con la puesta del sol. Poco a poco, se van iluminando las casas, escalonadas unas sobre las otras, hasta convertir la ladera en un cielo estrellado. Sumida Matera en el silencio, el tiempo parece haberse detenido, y la imaginación le transporta a uno a la ciudad medieval. El cronista Tommaso Verricelli contaba que, en el siglo XVI, ante la amenaza de invasión turca, los habitantes encendían velas por la noche para que los agresores, desde las montañas colindantes, fueran incapaces de distinguir donde terminaba el cielo y donde empezaba la ciudad.

Ahora bien, Matera no solo cautiva al visitante por sus sassi. Una lengua puntiaguda de terreno los separa. Es la civita, la ciudad medieval enmurallada donde residían los nobles y burgueses de la ciudad, y que se eleva en un promontorio coronado por il majestuoso duomo, la catedral románica. En sus confines, se pueden observar las mejores vistas sobre les sassi, y también la Murgia, la árida montaña encarada a la ciudad, separada solo por un riachuelo, y que también cuanta con algunas grutas excavadas. De Matera, no hay que perderse tampoco sus palacios medievales, como el Palazzo Lanfranchi, sede del Museo Nacional de Arte, que alberga diversas obras de Carlo Levi. En la lista, figuran figuran también los palombari, una enormes cisternas que se extienden por el subsuelo de la ciudad antigua y que en el pasado proveían de agua a sus habitantes. La entrada se realiza por la plaza central, dedicada a Vittorio Veneto.

Lecce, la perla dorada del sur

Aunque histórica y culturalmente Matera forma parte de la Puglia, las modernas divisiones administrativas del Estado italiano la han situado en otra provincia colindante: la Basilicata. En todo caso, es un lugar excelente para iniciar una ruta en automóvil por el resto del “tacón” de Italia. La primera parada del viaje es un destino inevitable: Lecce, capital de la región de Salento, el sur del sur. Gracias a su posición geográfica, se convirtió en una de las ciudades más prósperas del Mediterráneo durante les siglos XVI y XVII, bajo el imperio de los Habsburgo. De estas fechas data su constelación de impresionantes palazzos e iglesias barrocas, incluida se catedral, que presume del campanario más alto de todo el país -54 metros-.

Tal como sucede con otras antiguas ciudades del norte, como Florencia o Siena, deambular por el armonioso centro histórico de Lecce es como pasear por un gran set cinematográfico medieval. Con la notable diferencia de que, en lugar de cartón piedra, las construcciones están hechas de la roca típica de la región. De color blanquinoso, ésta adopta un tono dorado tras bronzearse al sol durante siglos, otorgando a la ciudad un brillo especial.

La pujanza económica y cultural de Lecce en el siglo XVII era tal que dio pie a la aparición de un estilo arquitectónico propio: el barroco leccese, caracterizado por el color de sus construcciones y su riqueza ornamentalLa cualidad maleable de su roca calcaría incitó a los artistas a incluir una profusión de figuras humanas, animales o vegetales en las decoraciones de las fachadas de palacios e iglesias. Quizás el ejemplo más suntuoso del abigarrado estilo leccese sea la Basilicata della Santa Croce, que llevó al marqués de Grimaldi a definirla “la pesadilla de un loco”.

Si bien la región de Salento es conocida por sus playas de agua turquesa, Lecce no está encarada al mar, una de las razones que le permitieron enriquecerse en el medievo. La decena de kilómetros que la separan de la costa otorgaban a sus autoridades el tiempo suficiente para preparar la defensa de la urbe ante las temidas incursiones de los corsarios y los ejércitos otomanos. Actualmente, esta posición interior, le protege de otro peligro: las hordas de turistas que invaden Salento durante el pegajoso verano del sur de Italia. Y es que la costa de la Puglia emite alarmantes señales de haber superado su punto de saturación.

Ventajas y desventajas de un viaje en agosto

Desde Santa María de Leuca, el pueblo punto más meridional de la Península Itálica, hasta la reserva natural de Gargano, al norte de la Puglia, encontrar una la playa en la que poder tender la toalla en las horas del mediodía representa una odisea. Tanto a Oeste, en la costa del mar Jónico, como a Este, en las aguas del Adriático, cada centímetro de arena ha sido atribuido no sin antes una lucha basada en la política de los hechos consumados. Desgraciadamente, el turismo de masas, sobre todo interno, está desvirtuando la vida tradicional de los maravillosos pueblos de pescadores que jalonan la preciosa costa de la Puglia.

Por eso, cuesta a veces captar el encanto de algunos pueblos preciosos como Gallipoli, Otrante, o Polignano a mare. Casi cada localidad costera cuenta con su ciudad antigua de calles empedradas, a menudo protegidas por un icónico castillo, su iglesia barroca, y un pintoresco puerto de pescadores. Al atardecer, sus estrechas callejuelas bullen de actividad, con miles de turistas paseando sus tostados cuerpos a ritmo de selfie.

No hay mejor ejemplo de lo que significa la expresión “morir de éxito” en el marasmo turístico de la costa pugliese que la Grotta de la Poesia. Situada a unos 20 kilómetros al norte de Otranto, las guías describen como “un lugar mágico” esta piscina natural que dibuja un perfecto circulo entre las rocas. Y lo es. Pero no es fácil apreciarlo cuando su trajín es comparable al de Times Square. Si bien muchos bañistas optaban por lanzarse al agua desde las rocas, los más prudentes que preferían bajar unas escaleras excavadas en la roca debían hacer cola. Entre gritos de excitados adolescentes, y la cháchara de las familias, ni el poeta con la mayor capacidad abstraerse a su entorno habría sido capaz de escribir un simple verso digno de pasar ser publicado.

Aunque no lo parezca, visitar la Puglia en agosto también dispone de algunas ventajas. La principal: es el periodo anual de los festivales de música y de las fiestas patronales, con sus espectáculos de fuegos artificiales y procesiones religiosas. Además, casi cada noche se puede encontrar en alguno de los pueblos de la región unasagra, una fiesta gastronómica que consiste en la preparación del plato típico del lugar, además de un mercado de productos artesanales. Estos eventos condensan una de las principales cualidades del pueblo italiano: el saber vivir, que consiste sobre todo en el disfrute de los pequeños placeres de la vida. La experiencia de asistir a una sagrao a una fiesta patronal no es menos imprescindible que la visita a cualquier de las más imponentes catedrales de la zona.

La armonía de Ostuni

La última fase del viaje está dedicada a la franja central de la Puglia. Ahí se encuentra su principal ciudad, Bari. Su centro histórico, rodeado por una muralla convertida en agradable lugar de paseo con vistas al puerto, bien vale una visita. Que sea omitida a menudo de las rutas propuestas por la región solo se explica por la proximidad de Ostuni, sin duda, uno de los más bellos pueblos de Italia. Encaramado sobre una colina, a tan solo unos pocos kilómetros del mar, es en Ostuni donde la arquitecturapugliese alcanza su máxima armonía con el paisaje. Su luz y el blanco inmaculado de sus callejuelas, surtidas de innumerables rincones, a cual con mayor encanto, tienen un inequívoco sabor Mediterráneo que la conecta con las islas griegas o la Túnez costera.

La región atesora también otras pequeñas joyas, como Alberobello, con sus característicos tejados cónicos, los trulli, que hace siglos sus habitantes empezaron a construir movidos por la picaresca, algo tan italiano como la pizza. Un rey aumentó de forma abusiva los impuestos a las viviendas, y los campesinos optaron por edificar tejados fácilmente desmontables antes de las visitas de los funcionarios reales. Tampoco conviene perderse Trani, con un precioso centro antiguo y una de las más majestuosas catedrales de la zona, situada a orillas del mar. Y entre una y la otra, el pueblo de Cisternino, con sus deliciosas bombette, unas bolas de carne con queso fundido en su interior típicas del lugar.

                                                           

Desgraciadamente, los días de ruta acabaron antes de alcanzar el norte de la región, dominado por el Parque Natural de Gargano, y sus paradisíacas islas Tremiti, protegidos ambos de la depredación del turismo de masas. Pero un buen viajero siempre se deja algo en el tintero, una excusa ideal para volver. Y la Puglia es de esos lugares que merecen repetir.

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