MONGOLIA

14 1º Estatua de Genghis Khan en la Plaza del Parlamento en Ulaanbaatar.                                            MONGOLIA

Mongolia sorprende por su extensión, imaginad la mitad de Europa pero con una población de tan solo 2.800.000 habitantes. No tiene salida al mar, está prisionera entre dos gigantes como son Rusia y China. En realidad tiene una tercera frontera con Kazakhstan pero actualmente se la considera como “tierra de nadie” (intereses políticos) y está vigilada por la policía siberiana.

En los últimos años Mongolia está volviendo a sus orígenes y se desprende poco a poco de las influencias de sus vecinos. No olvidemos que es la tierra de Genghis Khan, el Emperador más famoso de la historia de la humanidad, un simple pastor que fue capaz de conquistar medio mundo a lomos de su caballo.

Nos encontraremos un país de nómadas aunque un millón de personas viven en Ulaanbaatar, la capital. De todas maneras los nómadas siguen viviendo según la tradición, con unos pocos cambios que hacen más cómoda su vida cotidiana.

En Mongolia existen 32 millones de cabezas de ganado, eso equivale a 13 animales por persona aproximadamente, no en vano se la conoce como el país de los 5 hocicos: Caballo, camello, oveja, yak y cabra.

Viajar allí es viajar al pasado, no esperéis comodidades ni playas paradisíacas (evidentemente), si visitáis aquella tierra vais a vivir una gran aventura, pero una aventura pausada ya que allí las prisas y el estrés no existen, se ríen de nosotros por este motivo (y por muchas otras cosas, y con razón), así que deberemos dejar este bagaje en casa y cargarnos de paciencia.

Mongolia no deja indiferente a nadie, todos los viajeros son bienvenidos; no hay turistas, sólo viajeros. Un proverbio mongol reza lo siguiente: “Entre camellos nadie se ríe de las jorobas”. Los nómadas han pasado su vida errando por desiertos y estepas, su vida no es fácil y es por esto que acogen a cualquier viajero como invitado de honor, comprenden que nuestro viaje también es duro y ofrecen la hospitalidad del desierto. El cabeza de familia ofrecerá su mejor vodka y su esposa nos obsequiará con los platos típicos mongoles (es de mala educación negarse a probarlos, valor y a ello, más tarde hablaremos de la gastronomía mongol). Si tienes un nómada cerca jamás te faltará un lugar caliente para dormir y te regalarán canciones e historias para reconfortarte en tu duro viaje. El mongol es una persona alegre y amable, pero podemos tener problemas para comunicarnos. Nosotros gesticulamos mucho y ellos nada, incluso es de mala educación, pero comprenden que nos estamos esforzando por hacernos entender y lo agradecen muchísimo, eso implicará otro vasito de vodka, y así sucesivamente…

Hablamos de un lugar que ha estado cerrado al mundo hasta 1990, vivía bajo un régimen comunista y estaba dominado por la Urss. Ver a un extranjero o a un amarillo (así nos llaman) todavía les produce muchísima curiosidad. Les llaman la atención nuestros ojos y no soportan nuestro olor corporal, sobre todo cuando nos duchamos y usamos 1500 productos. En realidad les hace mucha gracia todo lo que decimos y hacemos, son culturas totalmente diferentes. En nuestro caso personal, convivir con los nómadas nos convirtió en personas mucho más humildes.

No es fácil llegar a Mongolia, evidentemente no existen vuelos directos. Existen varias rutas:

-Vía Beijing (antiguo Pekín)

-Vía Estambul

-Vía Moscú

Hasta hace poco la única factible desde España era la ruta por China y eso hacía que el viaje se alargase hasta 48 horas entre “Transfers” y retrasos. Paciencia, de nuevo, paciencia.

Nuestro último viaje empezó con un vuelo bastante ameno hasta Doha (Qatar), es una de las compañías más recomendables si no estamos en Ramadán. Puedes escoger el menú, aconsejamos no escoger comida hindú no vegetariana, repetimos, no escoger comida hindú. El picante paralizó nuestra lengua durante las 10 horas que duró el viaje. Eso sí, tienes derecho a todo el alcohol que puedas consumir. Lástima que haya gente que no sabe beber, teníamos sentados detrás a dos personas que se bebieron dos botellas de whisky (que mal beber tenían), no se callaron ni un minuto y acabaron llegando a las manos con otros turistas, todo muy ameno.

Tras unas 12 horitas de “Transfer” en Doha volamos a Beijing. El aeropuerto es impresionante y hay muchas cosas que hacer. Sólo sufrimos un retraso de 17 horas con lo que ya llevábamos 2 “jet lags” diferentes.

Por fin partimos hacia Ulaanbaatar y tras un vuelo de dos horas y media aterrizamos en el aeropuerto Genghis Khan. Un apunte: Más vale que os vayáis acostumbrando a este nombre ya que casi todas las cosas importantes en Mongolia se llaman así.

Empezamos nuestro viaje en la capital. Ulaanbaatar significa “Héroe rojo” y debe su nombre a Sükhbaatar, un militar que liberó a Mongolia de la ocupación china en 1920. Se le considera el padre de la Mongolia moderna, fundó el Partido Revolucionario Popular de Mongolia.

En la capital viven un millón de personas, la tercera parte de la población. Ulaanbaatar es una ciudad muy especial aunque no podríamos decir que es una ciudad bella. Su encanto reside en una imponente arquitectura soviética mezclada con pinceladas orientales.

Ulaanbaatar es la ciudad que nunca duerme y cada año se abren nuevos restaurantes y comercios. Una gran pantalla preside el centro de la ciudad emitiendo anuncios a gran volumen mientras un jinete vestido a la manera tradicional mongol, cabalga por las calles de la ciudad.

29 1º Gers mongoles        26 1º Lugar sagrado de chamanes a las afueras de Ulaanbaatar

Ulaanbaatar está rodeada de gers, ¿Qué es un ger?, es la vivienda tradicional mongol. Es una tienda de campaña circular de unos 4 metros de diámetro, la estructura es de madera y se cubre con pieles de oveja o camello, según la época del año. Muchos elementos del ger tienen carácter sagrado y exigen un ritual de comportamiento. Es en un ger donde los extranjeros nos mostramos más maleducados (sin intención), ofender a un mongol es fácil pero su tolerancia es grande y nos perdonan siempre. Estas viviendas se desmontan fácilmente, más vale que sea así ya que los nómadas cambian de lugar unas 8 veces al año, siguiendo a los pastos para su ganado. En medio del ger se sitúa una estufa de hierro que sirve para cocinar y para dar calor. El combustible son los excrementos del ganado, no os asustéis, son muy aromáticos ya que los animales sólo comen hierba.

Más vale que os guste la vida en el ger ya que, una vez salgáis de la capital, será vuestro alojamiento a lo largo del viaje. No temáis, son muy cómodos y calentitos, la puerta se sitúa al sur para aprovechar el máximo de horas de sol y la decoración es una maravilla. Al fondo del ger siempre encontraréis un mural con las fotos de la familia y dos o tres arcones con el ajuar de la novia. También es el lugar del altar a los dioses y nunca deberéis darle la espalda.

Ya he contado que, en la capital, muchos mongoles continúan viviendo en gers. En 1990, tras la caída del comunismo, el gobierno cedió a cada familia una hectárea para edificar su casa, podían escogerla donde quisiesen, la única condición es que no estuviese ya habitada. Los pastores nómadas que fueron a la ciudad se encontraron con el terreno pero sin posibilidad de construir una casa, por lo que recurrieron a su vivienda tradicional.

Tras callejear por la ciudad se impone una visita al templo de Gandan, el templo de la alegría completa. Mongolia es tradicionalmente chamanista pero tras la invasión china en el siglo XII, el budismo se convirtió en la religión invasora y se prohibieron los antiguos rituales. Más tarde, con la invasión de la Urss, Stalin prohibió a su vez cualquier tipo de religión. En pocos años asesinó a más de 30.000 lamas y destruyó la mayoría de templos, muy bonito todo.

Tras la caída del comunismo, se restauró la religión y una mezcla de budismo y chamanismo se instauró en el país, algo único en el mundo. Los mongoles cada vez recurren más a los chamanes, tanto para sanar el alma, consultar a los espíritus o curar alguna dolencia.

El templo de Gandan está en medio de la ciudad, rodeado de gers es una visión casi mágica. Gandan no era sólo un templo, era un complejo de universidades : Una de enseñanzas budistas, un departamento de astrología, una Facultad de medicina y una importante biblioteca. Durante la purga de Stalin, en los años 30, el templo fue casi destruido y se conservan unas pocas construcciones. En la entrada podremos dar de comer a las palomas, como en la Plaza de Cataluña en Barcelona, estas palomas se ven más sanas, y los cuervos ni te digo. Lo más destacable es la impresionante estatua de Buda de 25 metros, cubierta de oro. Gente de toda Mongolia acude a ofrecerle sus oraciones. Este lugar es gratuito para los mongoles, los extranjeros pagaremos 3 o 4 € aproximadamente, eso nos dará derecho a hacer fotos (pero no muchas si no quieres volver a pagar). Aprenderemos mucho sobre dioses y demonios y podremos participar activamente en los rituales, los extranjeros son siempre bienvenidos. Os sorprenderéis de los colores tan vivos siempre presentes en los templos de Mongolia y tan distintos de las iglesias católicas.

33 1º Estatua ecuestre de Genchis Khan            15 1º Soldado en el Parlamento de Ulaanbaatar.

Después de la visita al templo caminamos hacia el centro de Ulaanbaatar, seguimos por la Avenida de la Paz hasta llegar a la Plaza de Sükhbaatar, el centro político de la ciudad. En este lugar se proclamo la independencia mongol de China y es el símbolo del orgullo del país. En 1989 (Coincidiendo con las protestas en la Plaza de Tianamen, en Beijin, China) empezaron diversas protestas estudiantiles que a la larga derrocaron el comunismo en Mongolia. En la plaza veremos la estatua ecuestre de Sükhbaatar, los mongoles le tienen mucho afecto. Si nos acercamos leeremos la siguiente inscripción: “Si nosotros, el pueblo, nos unimos en un esfuerzo y en un deseo común, no habrá nada en el mundo que no podamos conseguir, que no podamos aprender o realizar”. A un lado veremos el Palacio del Gobierno, presidido por una imponente estatua de Genghis Khan en actitud de Padre de la Patria y delante el edificio del Parlamento.

Las calles están repletas de paradas donde podréis comprar piñones (les dan el mismo uso que nosotros a las pipas de girasol), rapé, calcetines, café con leche en polvo… Es muy aconsejable visitar el Mercado Negro, a pesar del nombre es un mercado totalmente legal donde puedes encontrar de todo. Desde un lobo siberiano por 10 € a un entrecot de camello (delicioso). Lamentablemente, hace unos meses, se quemó el pabellón del mercado de alimentación, era impresionante ver esos cuartos traseros de camello colgados, esos filetes de caballo y esas cabezas de yak preparadas para asar a las brasas, realmente ser vegetariano y viajar a Mongolia no es una buena idea.

Uno de los museos que merecen la pena es el de Historia Natural donde veremos una gran colección de animales disecados con más o menos gracia (nunca olvidaré aquella gaviota extraña). El Museo de Historia de Mongolia es también interesante pero a ojos de un occidental puede parecernos dotado de demasiada carga de exaltación política, aún así es curioso.

Después de tantas visitas seguramente estaréis hambrientos (como nos pasó a nosotros), es el momento de degustar una comida tradicional mongol. Os preparo: Mongolia tiene una oscilación brutal de temperatura, pasan de 40ºC en verano a -40ºC en invierno. Con este clima es imposible cultivar nada así que la alimentación mongol se basa en las proteínas animales: Carne, leche y de vez en cuando patatas, zanahorias y unos pocos cereales.

Cuando viajas a otro país lo normal es que, al principio, las digestiones sean pesadas y tu cuerpo se vaya acostumbrando poco a poco. En Mongolia pasa todo lo contrario, al principio la comida te sienta estupendamente pero poco a poco tu metabolismo se va relantizando. ¿Motivo? Un exceso de proteínas puras, algo a lo que no estamos acostumbrados.

Probablemente probaréis diferentes lácteos: Leche de yegua, yak, camello… Así como sus quesos y sus natas. ¿Resultado? Todo restriñe. Ya os podéis olvidar de ir al lavabo durante mucho tiempo (conocemos records de 15 días). A veces es preferible porque si estáis en un campamento y se han congelado las cañerías, la visita a una letrina mongol no es muy gratificante. Lo mejor es el aire libre si encontráis un árbol o una piedra para esconderos (¿en el Gobi? Os reto).

El plato más habitual es el Guriltai Shul una sopa de carne y algún vegetal y unas cosas blancas flotando… Es grasa, grasa blanca y espléndida. Los mongoles consumen mucha grasa para aguantar las bajas temperaturas.

En verano, en el campo, suelen alimentarse de Airag, es leche de yegua fermentada con una graduación alcohólica parecida a una cerveza. Es altamente saciante, un par de vasos suple una comida. Los mongoles pierden los kilos que han ganado en el invierno de una manera natural.

De todas maneras el plato tradicional es el cordero a las piedras calientes, es el Khorkhog. Se trata de una sopa de cordero y vegetales, para acelerar la cocción se le añaden unas piedras al rojo vivo y se sirven la carne y la sopa a parte. Las piedras se impregnan de grasa y se presentan en la mesa para que nos untemos las manos. El olor a grasa de cordero te acompañará alegremente durante un par de días.

Pero el plato por excelencia es el Boodog, es uno de los platos más extraños que he probado. Es imprescindible una marmota, se le corta la cabeza y se vacía. Se vuelve a llenar con sus entrañas trenzadas, vegetales y trozos de su carne. Se cose la obertura y se queman los pelos con un soplillo.

Se pone la marmota al fuego durante unas horas. El resultado es sorprendente, le abren la barriga al animal y se come la sopa en ese recipiente, en el cuerpo de la marmota. Inquietante pero realmente delicioso.

Será extraño el día que no probéis el Buuz, una especie de raviolis rellenos de carne (y grasa), se cocinan al vapor y están realmente deliciosos. Es una comida muy potente para nosotros. A los tres días estarás deseando darle un mordisco a un rábano pero no deberías, prohibido comer vegetales, frutas, beber agua corriente o tomar hielo. Los parásitos son muy comunes en Mongolia (hablo por experiencia). No os aconsejo comer marmota si no es de confianza ya que pueden transmitir la peste, todo muy gratificante. ¿No queríais aventura?

Después de un día tan intenso sólo nos queda descansar para ir a la tierra de los nómadas, la aventura acaba de empezar.

12 1º Templo Gandan en Ulaanbaatar             06 1º Gentes de Mongolia 6, buriato en Ulaanbaatar

¡¡¡Nos vamos al Desierto del Gobi!!!

Es imprescindible alquilar un buen vehículo que sea muy resistente. En Mongolia sólo encontraremos unos 2.000 Km de carretera asfaltada (recordad que el país es como tres veces España) y viajaremos por caminos difíciles, ríos congelados y las engañosas vías de arena del desierto. Os aconsejo una Van rusa o un todoterreno japonés, aún así es posible que pinchéis más de una vez al día, de nuevo paciencia… Otra cosa imprescindible un buen guía con experiencia y no es extraño que os perdáis teniendo que dar ligeros rodeos de 300 km… Aguantad… Y olvidaos el GPS, ciertas tecnologías no sirven allá donde no hay nada pero nada de nada.

A unos 80 km de la capital tendréis una gran visión, una estatua ecuestre de Genghis Khan de 40 m de altura. En su interior existe un museo y un restaurante, así como la bota más grande del mundo. Desde la cabeza del caballo podréis disfrutar de una vistas excepcionales y un gran silencio, te sientes muy muy pequeño.

Esa noche dormimos por primera vez en un ger. Las noches en Mongolia pueden representar un gran shock, estamos a 1500 metros por encima del nivel del mar, las estrellas están tan cerca que casi puedes tocarlas y… ¡Hay miles de ellas! Nuestro guía nos comentaba que los japoneses, tan acostumbrados a la contaminación lumínica, se pasan la noche bebiendo vodka y llorando mientras las observan (el vodka puede tener algo que ver).

A partir de este momento podemos olvidarnos de la civilización, comienza realmente el viaje.

Nuestro destino más inmediato es el Parque Nacional Terelj, situado a 1.600 m sobre el nivel del mar, allí veremos la roca en forma de tortuga (es cierto, parece una tortuga gigante). La tortuga es un animal sagrado en Mongolia dada su tradición budista. Si tenemos fuerzas (que las tendremos, merece la pena) subiremos hasta el Templo Arrybal. Su acceso es complicado, el ascenso incluye un puente colgante (digno de cualquier película de aventuras). La pendiente es bastante pronunciada pero si yo lo conseguí cualquier ser humano es capaz de ello (no soy una gimnasta de pro). Es un lugar de meditación budista e infunde bastante respeto, la pega es que no está permitida la entrada a las mujeres pero da igual, merece la pena verlo, aunque sea desde fuera.

Por el camino visitaremos otro templo muy importante, Sum Khokh Burd, en este si pude entrar y es una maravilla, incluye un pequeño museo muy curioso. Os advierto que es posible que visitéis estos lugares en la más absoluta de las soledades, cosa que a mi me encanta pero que a lo mejor podéis encontrar inquietante. El silencio es absoluto y los cuervos campan a sus anchas. Casi siempre pagaréis una pequeña cuota, tanto en monumentos como en los Parque Nacionales pero es cosa de unos pocos euros. Si viajáis fuera de temporada es probable que no esté ni el vigilante.

Por fin nos dirigiremos al Desierto del Gobi…

(Ver Mongolia parte 2)

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