WEEKEND BEACH FESTIVAL, TORRE DEL MAR (Málaga)

Weekend Beach Festival

¿Qué puede haber mejor para paliar los sofocantes calores del inicio de Julio que cuatro días de fiesta y buena música en primera línea de mar?
Es esta una pregunta a la que muchos de nosotros probablemente responderemos: nada.
Pues eso, precisamente, es lo que ofrece la experiencia de Weekend Beach Festival, en la población de Torre del Mar, perteneciente al municipio de Velez-Málaga. En este festival, a cuya cuarta edición he tenido el placer de asistir, se dan estas condiciones y, la verdad, es que ha sido uno de los mejores eventos de estas características a los que he asistido a lo largo de mi vida.
Junto a la mismísima playa, de hecho, solo le separan del agua unos veinte o treinta metros, se colocan tres escenarios, uno de ellos dedicado únicamente a la música techno en una fiesta rave casi continua, otro dedicado a grupos tirando más a rock, pop o música algo alternativa y el otro para música más festivalera, rumba o fusión, teniendo siempre así algún concierto que guste a cualquiera sin importar cuál sea su preferencia musical. Además, dispone de un escenario adicional gratuito en el exterior y la música comienza allí al mediodía, enlazando luego con las actuaciones del propio festival que tienen el pistoletazo de salida sobre las 18:00h y continúan hasta bien entrada la madrugada.

¿Hablamos de cartel? Pues en este 2017 se han ofrecido grupos y cantantes de renombre tales como Rosendo, Chambao, Estopa, La Pegatina, Prodigy, Mago de Oz, Boikot, Sepultura… Como se puede observar, para todos los gustos y colores, la verdad.

                               
Vamos con la organización: Hay una zona de comidas en las que la variedad reina teniendo desde pizzas a hamburguesas, pasando por delicias indias, bocadillos, chorizo a la brasa… los precios son baratísimos, pudiendo cenar desde tres euros y hay mucho sitio para sentarse, por si fuera poco. También hay puestecitos de venta de recuerdos, una zona habilitada para fumar en esas cachimbas que tan de moda están estos días, se pasean azafatas repartiendo chupitos gratuitos y promotores dando regalos a diestro y siniestro (¿alguien sabe para qué sirven unas gafas sin cristal?).
En las entradas no se dan acumulaciones excesivas a pesar de que la seguridad es bastante buena, registro de bolsas y de pulseras acreditativas, tres puertas de vigilancia, vamos lo que exige un evento de esta magnitud en este momento tan delicado que nos toca vivir. Aun así, es rápido y todo el proceso no lleva más de un minuto, por lo que no es ninguna molestia el pasarlo y eso permite que, entre show y show, se pueda salir a disfrutar del paseo marítimo, de la playa que linda con las vallas del festival o, incluso, se pueda ir a cenar a alguno de los restaurantes de alrededor o a pasear tranquilamente por la linda población costera que nos acoge. Algo importante y que se suele pasar por alto es que en los lavabos, meaderos o como se llamen esas cosas, apenas hay cola ya que hay muchos y muy repartidos por todo el recinto, todo hay que decirlo.
En lo que respecta al alojamiento, hay una zona de acampada que permite plantar una tienda por unos diez euros más de lo que cuesta la entrada, que ya es barata per se, como luego comentaré con más detalle. Diez euros por acampar cuatro días no es nada caro, en verdad, comparado con otros festivales en los que he estado. Junto a la zona de acampada hay supermercados en los que hacer la compra si se opta por esta forma de pernoctar, lo que lo hace todavía más cómodo. También goza de descampados y sitio de sobra donde dejar el coche, aunque a veces toque andar un poquito y tiene vigilancia bajo donación voluntaria (2€ por día o 5€ por todo el festival), pero es que son casi 130.000 personas las que han acudido y eso, por muy grande que sea una población, es difícil de dirigir, aunque está todo bastante al ladito siendo tan solo un pueblito junto al mar, por lo que hay que ser justos y reconocer que lo han sabido montar muy, pero que muy bien.

                               

Precios: El a veces tan doloroso tema del dinerito. Tranquilos todos porque ya hemos dicho que comer o acampar no es caro así que la entrada, como se puede suponer, tampoco lo es. De hecho, salen a la venta sobre octubre o noviembre y rondan los 20€ (sí, los cuatro días por ese precio, tirado ¿no?) lo que pasa es que son nominativas, restringidas y que todavía no hay un cartel definido, pero claro, sabiendo que siempre van a poner unos cuantos grupos de renombre, no va a decepcionar, y es esto lo que yo pienso comprar para la siguiente edición, sinceramente. Yo me hice con mi entrada en marzo y me salió por 55€ lo que hacía que todo el mundo al que se lo contaba preguntara: “¿Por los cuatro días? Eso tiene que ser solo por uno…”. Pues no, es por los cuatro días completos, contestaba yo orgulloso. Sobre la fecha final, o en taquilla mismo, ya sube más y nos iríamos a los 75€. Todos estos precios son sin acampada, como comenté previamente y sin zonas VIP ni nada parecido, por supuesto. Lo suyo es ir mirando porque van ascendiendo paulatinamente y comprar cuando a cada uno le convenga.

                                

¿Alguna pega?: Como todo, tiene alguna que otra pega. Para empezar se puede encontrar alguna aglomeración en la zona de comida entre conciertos, cosa normal pero que es molesto siendo un poco egoísta. En las actuaciones con mucho número de público, como este año han sido por ejemplo Prodigy y Estopa, el sonido se queda algo corto y se entremezcla con el del concierto de al lado, además, la longitud de la zona de público se queda algo escasa y se está, aunque se quede uno al final, apretujado contra la valla y con gente pasando alrededor todo el tiempo, por lo que hay que decidir si escuchar dos conciertos a la vez en una zona algo más neutral o quedarse atascado entre la gente y escuchar el concierto pero flojito y con los bajos de fondo del otro escenario, un auténtico dilema para los que no gozamos con las grandes aglomeraciones. Es un problema sobre todo que se da en el escenario central. Para terminar con este desagradable apartado que a nadie le gusta escribir pero hay que hacerlo, debo admitir que viernes y sábado, las noches con más afluencia, los inodoros se llenan en demasía y dependiendo de cómo sople el aire llega un olorcillo bastante desagradable.

Como se habrá podido comprobar, es este un festival del que he disfrutado a más no poder, y con el que he quedado ampliamente satisfecho. El año que viene, volveré seguro y mientras sigan así, o incluso mejor, me van a tener como uno de los asistentes fijos. Por precio, localización y calidad, se ha convertido por derecho propio en mi preferido y demuestra que se puede hacer un buen festival, con un gran cartel, sin sangrar monetariamente a los amantes de la música en directo. Le doy un 9/10.

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